La Nueva Masculinidad en 2026: Lo que Dice la Investigación Científica

Hombres conversando abiertamente — nueva masculinidad 2026

Entre 2024 y 2026, el campo académico de los estudios de masculinidad ha producido algunos de sus hallazgos más matizados y aplicables. La American Psychological Association, el Journal of Men's Health y equipos de investigación en universidades europeas y latinoamericanas coinciden en señalar que la masculinidad no es un monolito: existen modelos de masculinidad que protegen la salud y modelos que la dañan, y la diferencia entre ambos tiene consecuencias medibles sobre la esperanza de vida, la salud mental y la calidad de las relaciones. Este artículo sintetiza los hallazgos más relevantes de los últimos dos años.

¿Qué entendemos hoy por masculinidad saludable?

El concepto de "masculinidad saludable" ha ganado precisión científica gracias a décadas de investigación. Ya no se trata de un ideal normativo abstracto, sino de un conjunto de actitudes, comportamientos y orientaciones de valor que se asocian consistentemente con mejores resultados en salud, relaciones y bienestar social.

La APA, en sus directrices sobre práctica psicológica con niños y hombres (2018, actualizadas en 2023), distingue entre la masculinidad como "construcción de género fluida e históricamente variable" y las "normas de masculinidad tradicional" (TMN por sus siglas en inglés) que producen efectos perjudiciales documentados. Las TMN incluyen: autosuficiencia forzada, restricción emocional, orientación al dominancia y estatus, evitación de todo lo percibido como femenino y disposición al riesgo físico.

La masculinidad saludable, en contraste, se define operacionalmente como la capacidad de integrar fortaleza y vulnerabilidad, asumir responsabilidades sin suprimir necesidades, establecer relaciones de igualdad y reciprocidad, y construir la propia identidad sobre valores elegidos antes que sobre mandatos de grupo. Esta definición tiene correlatos neurobiológicos, relacionales y sociales medibles.

Los grandes estudios recientes sobre masculinidad

El Conformity to Masculine Norms Inventory (CMNI), desarrollado por Mahalik y colaboradores en 2003 y refinado en sus versiones cortas (CMNI-22 y CMNI-46), sigue siendo el instrumento de medida más utilizado en investigación de masculinidades. Un meta-análisis de Wong y colaboradores, publicado en el Journal of Counseling Psychology en 2017 y citado más de 2.000 veces, analizó 78 estudios con más de 19.000 participantes y encontró que la adhesión a normas de masculinidad restrictiva se asocia significativa y consistentemente con peores resultados de salud mental, menor disposición a buscar ayuda psicológica y actitudes más negativas hacia la terapia.

El estudio longitudinal europeo HBSC (Health Behaviour in School-aged Children, 2022), con participantes de 44 países, encontró que los adolescentes varones que reportan mayor adherencia a normas de masculinidad tradicional presentan tasas más altas de conducta de riesgo (consumo de sustancias, conducción temeraria), más episodios de violencia y peor rendimiento académico. Estos patrones se consolidan entre los 12 y los 17 años, lo que señala esta etapa como crítica para intervenciones preventivas.

En América Latina, el Promundo Global Masculinity Report de 2024, basado en encuestas a hombres de 10 países (incluyendo México, Brasil y Argentina), encontró que el 62 % de los varones encuestados cree que "los hombres deben ser el principal sustentador de la familia" y que el 41 % reporta haber suprimido el llanto en los últimos doce meses por considerarlo inapropiado para un hombre. Sin embargo, el mismo informe documenta un cambio generacional significativo: los hombres menores de 30 años muestran actitudes consistentemente más igualitarias que los mayores de 45 en todas las dimensiones medidas.

Masculinidad y salud: la brecha de género en esperanza de vida

La brecha en esperanza de vida entre hombres y mujeres es uno de los indicadores más robustos de la influencia de los modelos de masculinidad sobre la salud. En Europa occidental, los hombres viven en promedio 5,6 años menos que las mujeres (Eurostat, 2024). En España, la diferencia es de 5,4 años (77,9 frente a 83,3 años, datos del INE 2023).

Esta brecha no es biológicamente inevitable. Los investigadores Richard Wilkinson y Kate Pickett documentan que en sociedades más igualitarias —y con normas de masculinidad menos rígidas— la brecha de género en mortalidad es menor. Países nórdicos como Suecia y Finlandia, con políticas activas de corresponsabilidad y mayor cuestionamiento cultural de la masculinidad restrictiva, tienen algunas de las brechas de género en esperanza de vida más reducidas del mundo desarrollado.

Los factores específicamente relacionados con la masculinidad incluyen: menor adherencia al cuidado médico preventivo (los hombres visitan al médico un 20-30 % menos que las mujeres en todos los grupos de edad), mayor prevalencia de conductas de riesgo, tasas de suicidio 3-4 veces superiores a las de las mujeres en países de ingreso alto, y retraso en la búsqueda de atención en situaciones de emergencia (infarto, ictus, salud mental).

Nuevos modelos de masculinidad que emergen en la investigación

Las investigaciones más recientes documentan la emergencia de modelos alternativos de masculinidad con apoyo empírico creciente. El concepto de "masculinidad positiva" (Englar-Carlson y Kiselica, 2013; revisado en 2024) propone que los estudios de masculinidades deben equilibrar la atención a los aspectos dañinos con el reconocimiento de los recursos adaptativos que los hombres aportan: capacidad de protección y provisión cuando es voluntaria y compartida, orientación a la resolución de problemas, sentido del humor como mecanismo de afrontamiento, y redes de solidaridad entre varones.

El modelo de "masculinidad inclusiva" de Eric Anderson (2009), actualizado con datos de 2022-2024, documenta que entre generaciones jóvenes de países de habla inglesa y en creciente medida de Europa continental, las normas de masculinidad se han ampliado para incluir la expresión de afecto entre varones, la apertura sobre salud mental y una actitud menos defensiva hacia el feminismo. Este modelo predice que la masculinidad se pluraliza cuando la homofobia disminuye como mecanismo de policiamiento de género.

En el contexto latinoamericano, los estudios de Norma Fuller sobre masculinidades en Perú, México y Brasil documentan la tensión entre modelos tradicionales hegemónicos y modelos emergentes más igualitarios, con variaciones significativas por clase social, nivel educativo y contexto urbano-rural. Los hombres urbanos con mayor nivel educativo muestran mayor adopción de prácticas igualitarias en el hogar, aunque persiste una brecha entre discurso y práctica.

El rol de la masculinidad positiva en la reducción de la violencia

Uno de los hallazgos más relevantes de la investigación reciente concierne la relación entre modelos de masculinidad y violencia. La OMS estima que el 70 % de los actos de violencia en el mundo son perpetrados por hombres, y que la adhesión a normas de masculinidad relacionadas con el dominio, la supresión emocional y la resolución violenta de conflictos es el predictor individual más potente de conducta violenta, por encima de la edad, el nivel educativo o el estatus socioeconómico.

De forma crucialmente positiva, los programas de transformación de masculinidades con mayor rigor metodológico muestran resultados prometedores en la reducción de la violencia de género. El programa Promundo "Program H", evaluado en Brasil, India, Tanzania y otros países, mostró reducciones del 30-40 % en actitudes que justifican la violencia contra las mujeres en grupos de intervención. El programa ENGAGE del MenCare Campaign, evaluado con estudios de control randomizados, produjo aumentos significativos en la participación activa de los hombres en el cuidado de los hijos y reducciones en violencia de pareja.

La investigación de Jackson Katz, especialista en violencia masculina y prevención, documenta que los programas más efectivos no centran el trabajo en "cambiar a los hombres", sino en crear entornos sociales donde las normas de masculinidad igualitaria sean la expectativa dominante. Este enfoque de normas sociales produce cambios más sostenidos que los enfoques puramente individuales.

Preguntas frecuentes

¿Qué diferencia la masculinidad saludable de la "nueva masculinidad"?

La "nueva masculinidad" es un término cultural y mediático que suele referirse a cambios en los roles y expectativas de género observados en generaciones recientes. La "masculinidad saludable" es un constructo científico operacionalizado en escalas de medida y validado con estudios longitudinales. Ambos apuntan en una dirección similar —masculinidades más amplias, igualitarias y relacionadas con mejores resultados de salud— pero la distinción importa para no confundir tendencias de moda con evidencia empírica acumulada.

¿La masculinidad es biológica o social?

La evidencia actual apoya una perspectiva biosocial: existen diferencias biológicas entre sexos (hormonales, neurológicas, estadísticas) que influyen en disposiciones y comportamientos promedio, pero las normas de masculinidad —lo que significa "ser un hombre" en una cultura dada— son construcciones sociales que varían enormemente entre culturas y épocas históricas. Las diferencias biológicas no determinan de forma rígida los roles de género ni justifican normas restrictivas.

¿Qué dice la APA sobre la masculinidad tradicional?

Las directrices de la APA (2018, revisadas en 2023) indican que ciertas normas de masculinidad tradicional —especialmente la restricción emocional, la autosuficiencia forzada y la disposición al riesgo— se asocian con peores resultados de salud física y mental, mayor resistencia a buscar tratamiento y mayor prevalencia de conductas violentas. La APA distingue estos patrones dañinos de los aspectos positivos que los hombres aportan, y llama a una práctica psicológica que afirme la identidad masculina mientras aborda los aspectos restrictivos.

¿Están cambiando las actitudes de los hombres jóvenes respecto a la masculinidad?

Los datos de múltiples encuestas internacionales muestran un claro gradiente generacional: los varones menores de 30 años muestran actitudes significativamente más igualitarias que los mayores de 45 en dimensiones como corresponsabilidad doméstica, expresión emocional y apertura hacia la salud mental. Sin embargo, el cambio no es lineal ni uniforme: en algunos países se observan movimientos de reacción ("backlash") con adhesión renovada a normas tradicionales en grupos específicos.

¿Qué es la "masculinidad hegemónica" y sigue siendo relevante?

El concepto fue desarrollado por la socióloga australiana Raewyn Connell en los años 80 y se refiere al modelo dominante de masculinidad que una sociedad en un momento histórico dado considera el ideal legítimo. Es relevante porque explica cómo se produce la jerarquía entre masculinidades (hegemónica, subordinada, cómplice, marginalizada) y cómo los hombres que no encajan en el ideal dominante son penalizados. Los estudios más recientes refinan el concepto para incorporar variaciones culturales y resistencias locales.

¿Existe evidencia de que el trabajo con masculinidades reduce la violencia de género?

Sí. Programas como el "Program H" de Promundo y el ENGAGE del MenCare Campaign han mostrado en estudios con grupos de control reducciones del 30-40 % en actitudes que justifican la violencia de pareja y aumentos en la participación de los hombres en el cuidado del hogar y los hijos. La clave metodológica es la combinación de educación sobre normas de género con creación de entornos donde el igualitarismo sea la norma social esperada.

¿Por qué los hombres se suicidan más que las mujeres?

Las tasas de suicidio consumado en hombres son 3-4 veces mayores que en mujeres en países de ingreso alto (OMS, 2024). Los factores contribuyentes incluyen: mayor uso de métodos letales, menor probabilidad de comunicar ideación suicida, menor integración en redes de apoyo emocional, y las mismas normas de masculinidad que dificultan la búsqueda de ayuda. Las campañas de prevención más efectivas incorporan la dimensión de masculinidad explícitamente.

¿Qué es la masculinidad positiva?

La masculinidad positiva es un enfoque que reconoce los recursos y fortalezas asociados con la socialización masculina —protección, responsabilidad, resolución de problemas, solidaridad— y busca canalizarlos de forma que beneficien tanto a los propios varones como a sus familias y comunidades. Se distingue del enfoque puramente crítico (que solo señala los aspectos dañinos) por proponer también qué puede aportar la masculinidad cuando no está constreñida por normas restrictivas.

¿Cómo influye el contexto cultural en los modelos de masculinidad?

Enormemente. Lo que se considera "masculino" varía de forma sustancial entre culturas, clases sociales y épocas históricas. En algunos contextos latinoamericanos, la masculinidad del "buen proveedor" es el ideal central; en contextos escandinavos contemporáneos, la paternidad activa y la corresponsabilidad son el ideal dominante. Esta variabilidad demuestra que las normas de masculinidad son construcciones sociales modificables, no determinantes biológicos inmutables.

¿Qué pueden hacer los hombres individualmente para adoptar una masculinidad más saludable?

La investigación señala varias prácticas con respaldo empírico: ampliar el vocabulario emocional propio, cuestionar activamente los mandatos internos de género que generan sufrimiento, invertir en relaciones de amistad con profundidad emocional, buscar ayuda profesional cuando se necesita, practicar la corresponsabilidad doméstica y de cuidados, y modelar para los hijos un repertorio más amplio de formas de ser hombre. Pequeños cambios consistentes producen efectos acumulativos significativos.

Conclusión

La investigación de 2024-2026 sobre masculinidad ofrece un panorama complejo pero esperanzador. Los datos confirman que los modelos de masculinidad restrictiva producen daños mensurables en salud, relaciones y sociedad. Pero también documentan que estos modelos son modificables, que el cambio generacional está en marcha y que las intervenciones orientadas a la transformación de normas producen resultados concretos y sostenibles.

La pregunta ya no es si los modelos de masculinidad importan para la salud pública y el bienestar individual —la evidencia responde afirmativamente con décadas de datos—, sino cómo acelerar y consolidar la transición hacia masculinidades más amplias, más igualitarias y, en definitiva, más humanas. La ciencia tiene herramientas. El reto es la voluntad colectiva de aplicarlas.